Los primeros años del retorno a la democracia fueron particularmente fecundos para la Universidad Nacional de Tucumán. Como fueron sus dos anteriores mandatos, la tercera y breve gestión de Eugenio Flavio Virla como rector de la casa de altos estudios se preocupó no sólo de las cuestiones académicas, sino también de las culturales y sociales. En 1984, se inauguró el Centro Cultural en 25 de Mayo 265, donde había funcionado el legendario diario El Orden, que fue reciclado por Jorge De Lassaletta.

"La Universidad no debe ser un ente aislado de la realidad social, sino dotado de capacidad conductora porque le compete la formación de los hombres y de los cuadros de la vida nacional", afirmó Virla, que llevó a la práctica sus palabras y creó el Departamento de Extensión Universitaria, a cuyo frente designó al farmacéutico Ricardo Somaini, hombre de larga e intachable trayectoria universitaria. Como directora del Centro Cultural nombró a la profesora Teresita Bernasconi de García.

En 1985, por impulso del entonces joven director Omar Emir Saúl, se creó la Orquesta Juvenil, con la idea de que esta se convirtiese en el semillero natural de la Sinfónica y mostrara a la juventud que la música llamada clásica también podía concitar la atención de los jóvenes. El debut se produjo el 28 de marzo. En agosto de ese año, por impulso de Bernasconi, comenzó a rodar el programa de Educación Permanente para Adultos Mayores (EPAM), primero como cursos para la tercera edad (resolución Nº 1212/85). En el acto de apertura de los cursos de teatro, coro, fotografía, flauta dulce, taller literario y expresión lúdica y vida cotidiana en la tercera edad, que tuvo lugar el 7 de agosto, hablaron Virla, Somaini y la profesora Josefina Racedo. En nuestro último Suplemento de Actualidad, dedicado a las bodas de plata del EPAM, Bernasconi recordó que cuando preparó los primeros cursos tuvo en cuenta lo sostenido en la primera reunión de la Comisión para el Progreso Social: "el problema de los ancianos no es sólo económico sino cultural, ético y civilizatorio"; así como lo afirmado por el historiador José Maravall: "la dignidad de una sociedad se mide por el trato que da a sus ancianos". Contó que la idea era que los talleres desembocaran en la creación de la Carrera de Adultos Mayores. Al poco tiempo, como consecuencia de esta actividad, se creó el Coro de Adultos Mayores de la UNT, cuya directora fue Lucía Vallesi de Saúl, quien en 1987 impulsaría la creación de "Los Niños Cantores de la UNT".

Según la actual y flamante directora del EPAM enseñar allí es disfrutar, participar y orientar. "Nuestros alumnos son un ejemplo de vida, porque reconstruyen lazos de afecto, de comunicación, de participación, de intercambio de vivencias que potencializa sus virtudes humanas y mejora sus calidades de vida. Aquí descubren un lugar de encuentro, nuevas oportunidades para que puedan desarrollar nuevos intereses que los ayudan a reinsertarse en la comunidad", dijo María Luisa Virla, hija del rector fallecido en 1986.

La institución cuenta con 46 talleres, a los cuales asisten 850 personas de entre 50 y 95 años. Una buena parte de los asistentes consideran el EPAM como su segundo hogar. "Acá encontré contención, hice nuevos amigos, me escuchan, me miman, me atienden y además, me enseñan", dijo "Beto" -quien se dedica a las artes plásticas- sintetizando el sentimiento de muchos.

El EPAM celebró ayer su 25 aniversario. Es, sin duda, una de las mejores obras de extensión social de la UNT porque se ocupa de los adultos mayores, que son a menudo discriminados en nuestra sociedad y cuya experiencia suele ser desestimada en los ámbitos laborales. Se trata de devolverles a ellos la esperanza de vida a través del arte, del conocimiento y del afecto compartido.